lunes, 26 de marzo de 2012

Tarde-noche del Domingo de Ramos en Garachico


Eutropio Rodríguez Benítez fue un hijo de Garachico que, por méritos contraídos con sus convecinos, éstos le dedicaron un trozo de calle a la izquierda del convento de San Francisco, en esta Villa y Puerto de Garachico. Hijo de Andrés Rodríguez Labrador y de Catalina Benítez, fue alumno de la Escuela Superior de Comercio de Santa Cruz de Tenerife, maestro interino de Güímar y de La Caleta de Interían, Oficial de Complemento de Infantería, abogado, conferenciante, presentador de eventos culturales, etc., y redactor de los diarios: “Gaceta de Tenerife”, de donde era corresponsal y del republicano “Hoy”. Escribió infinidad de crónicas periodísticas en distintos medios impresos; no sólo de su pueblo natal, sino de cualquier parte de las Islas y acontecimiento que se terciara.
En una de estas crónicas, aparecida en el diario Gaceta de Tenerife, el domingo 24 de marzo de 1929, bajo el título de “Domingo de Ramos” y dedicada “a don Conrado Brier y Ponte, descendiente de la casa de Prieto y fervoroso amante de las gloriosas tradiciones de Garachico”, nos describe la ceremonia que pervive en la noche de este día. Ceremonia que despierta la curiosidad y el interés de los visitantes; mientras que para los lugareños es una fervorosa representación más de las tantas que en Semana Santa se desarrollan en este lugar: Traslado del Cristo de la Misericordia hasta el Oratorio de la Soledad [Situado en la casa de los señores de Ponte].
Momento del Traslado del Señor de la Misericordia al Oratorio de Ponte / Foto de: José Velázquez Méndez
En la noche de este día – comienza escribiendo Eutropio- tiene lugar en esta Villa y Puerto de Garachico la tradicional ceremonia de llevar desde la parroquia de Santa Ana al oratorio de la heráldica mansión de los herederos de don Antonio Ponte y Cólogan, al Cristo de la Agonía, cuya conducción se verifica a hombros de cuatro sacerdotes, con estolas, bonetes y manteos. En un nicho ad hoc depositan la milagrosa Imagen, teniéndola allí hasta el Viernes Santo en que, ya colocado en una valiosa y artística urna de plata, lo vuelven, a la iglesia parroquial.
Originalísima y singular es esta inmemorial costumbre, y no es aventurado afirmar que es única en España, ya que no hemos encontrado en historia alguna este privilegio de que a una casa particular se lleve una Imagen, y menos que después salga procesionalmente de ella.
La fecha cierta del comienzo de esta especialísima gracia no es posible fijarla, ya que no hemos podido encontrar los datos necesarios, pero sí cabe afirmar que antes del año 1617 la casa de Prieto –antecesores de los de Ponte- tenía ya oratorio, y hasta se dice que la Imagen del Cristo se llevaba ya a su casa, aunque no hay documento alguno que lo acredite.
En 17 de febrero del año de 1617, Melchor López Prieto de Saa, depositario general y regidor perpetuo de esta isla, en una cláusula del testamento que otorgó ante Gaspar Delgadillo, dice: “Que por cuanto ha tenido y tiene devoción con el Santísimo Crucificado de esta iglesia parroquial, y hay muchos años que le hace el entierro el Viernes Santo, poniendo la cera necesaria, haciendo el túmulo y aderezando el ataúd en que va; y le ha hecho sábanas, cobertor y almohadas, y lo demás con que se sirve en el dicho Entierro; deseando así él como su mujer que se continúe en lo sucesivo en la misma forma, manda que en todos los años se pongan y enciendan en dicho túmulo 36 hachas de a 5 libras cada una, doce hachuelas de a libra y 200 candelas de media libra de cera negra, como siempre se ha hecho; cuya cantidad de cera deja para este fin con los candeleros que tiene comprados, y, asimismo, madera, bayetas y todo lo necesario del túmulo y demás ropas con que se sirve en el Entierro. Y el Patronato ha de tener cuidado de renovar anualmente la cera, hacer el túmulo, y renovar las bayetas y maderas cuando fuere necesario; para todos los cuales costos dejo un tributo de cien ducados que me paga Manuel Juan. Nombro de patronos, primero, a mi mujer, María Luis, y después a mi hijo, Melchor López Prieto y a mis descendientes legítimos”.
En la actualidad –sigue narrando el cronista Eutropio- ya no se pone este túmulo de que habla la citada cláusula y que se usó hasta el año 1784. Hoy se hace esto con más sencillez, menos gasto y más gusto artístico.
Como decimos más arriba, no es posible fijar la fecha cierta en que comenzó esta extraña costumbre. Lo que sí es cierto, es que antes del año 1640, ya el Santo Cristo de la Agonía se llevaba el Domingo de Ramos a la citada casa de Prieto, porque existe en el archivo eclesiástico de Gran Canaria una disposición del Nuncio Apostólico de España con fecha 22 de enero dé 1641, a petición de don Melchor Prieto -que apeló de la sentencia del ordinario de Canaria, dada a solicitud y representación de los Caballeros de Garachico, privándolo del privilegio de llevar dicha santa Imagen a su casa- por la cual el citado Nuncio manda a citar y emplazar las partes, y añade que en tanto el litigio se resuelva, no se haga ninguna innovación, so pena de excomunión mayor.
Por lo que antecede es creíble que, a partir de aquella disposición apostólica, haciendo de Oratorio la pieza donde se depositaba el Cristo, se dijesen en ella en los tres días de la Semana Santa, tantas misas cuantos eran los sacerdotes que querían decirlas. Fueron tantas las misas que se decían en el citado Oratorio de la casa de Prieto, que algunas comunidades religiosas protestaron ante los señores Obispos y Visitadores que trataron de oponerse a la celebración de tales misas. Pero entonces la casa de Prieto obtuvo, por mediación del señor D. Francisco Delgado, un Breve del Papa Clemente XIII, con fecha 3 de enero de 1764, por el que se concedía el Oratorio privado a la casa de doña Catalina Prieto, sin hacer mención de si las misas había de ser una o varias. Y poco tiempo después el Obispo Guillén, cuando estuvo de visita en Garachico en 1765, concedió 40 días de indulgencias a los que rezasen un credo cu la Sala-Oratorio delante de la Imagen del Cristo, sin hacer mención a la pluralidad de las misas. Idéntico fue lo acaecido en la aprobación que del citado indulto apostólico dio el Iltmo. señor Cervera en 4 de Diciembre de 1774.
Sólo el Iltmo. señor Fray  Joaquín de Herrera autorizó el Oratorio con la prohibición de decirse una sola misa en cada día de .la Semana Santa, como consta de su decreto de 10 de marzo de 1780.
Pero ya antes de este decreto el señor Vicario de este pueblo había dado parte del hecho de decirse hasta nueve misas cada día al señor Provisor don Eduardo Sall, quien, en carta dirigida a dicho Vicario, en el año 1778, reprueba el uso de misa en la casa de doña Catalina Prieto todos los días de Semana Santa, los sacerdotes que quisieran, cesando desde entonces tal desorden; hasta que en el año 1790 obtuvo la citada doña Catalina, del Santo Padre Pío VI, con fecha 11 de agosto, facultad para que en dicha Sala se digan perpetuamente en la Semana Santa y en cualquier altar de ella erigido, todas las misas que se quieran decir. Así continúa el privilegio, llevándose anualmente la santa Imagen del Cristo desde la parroquia a la casa de los herederos de Prieto, el Domingo de Ramos.
Nosotros, de lo dicho, no comentamos ni añadimos nada; sólo que estamos orgullosos de esta ancestral costumbre que ha pervivido a través del tiempo, sin interrupción, que a nadie perjudica, que año tras año la gozamos con naturalidad, recogimiento y misticismo.

José Velázquez Méndez
Cronista Oficial de Garachico

No hay comentarios: