jueves, 4 de abril de 2013

Noche de sobria tradición para despedir el Viernes Santo

Con más tiempo que otros años para descansar tras la finalización de la Procesión Magna a las 8 de la noche, dos horas más tarde se daba comienzo al acto más tradicional de la Semana Santa de Los Silos. El buen orden con el que salieron los cuatro pasos que conforman el Santo Entierro por la nave de la iglesia de la Luz se vio deslucido cuando, en la calle, los carros no estaban preparados. Subsanado ese problema, el cortejo transcurrió como viene siendo habitual, con sobriedad y solemnidad, arropado por muchos silenses y de luto por la muerte de Cristo. San Juan volvió a salir en carro por la escasez de cargadores, pero no se puede obviar la mejoría que gana portado a hombros, tradición que se recuperó el año pasado.

Llegando a la calle Félix Benítez de Lugo, no eran poco los fieles que se iban adelantando para llegar al templo y coger sitio de cara a la ceremonia del Santo Entierro, que comenzaba pasadas las 11 de la noche. Cristo Yacente entraba en una abarrotada iglesia sobre los hombros de cuatro hermanos del Santísimo y del Señor de la Sentencia, anticipándose a la entrada de San Juan y, posteriormente, de María Magdalena. Antes de que este último paso llegara al Altar, el Adiós a la vida comenzaba a sonar inesperadamente. Después de que el párroco incensara la urna con el cuerpo muerto de Jesús, la Virgen de los Dolores hacía su entrada en la iglesia, lentamente, para concentrar toda la Semana Santa en el momento en el que se inclinaba ante el Señor, con el esfuerzo que realizaban los cargadores al ascender los escalones que conducía a la capilla mayor. Una vez terminado el acto, los fieles se acercaban al Altar para la bendición de las cadenas y medallas. Posteriormente, se representaba la sepultura del Señor y, minutos después, la Virgen de los Dolores volvía a salir a la calle para dirigirse al Calvario.



Rozaba la medianoche y Los Silos descendía lentamente por La Estrella, acompañando a su Madre en Soledad hasta la Capilla del Calvario, donde descansaría durante el Sábado Santo para volver a la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz por la noche. Las hermandades del Santísimo y los Amigos del Señor de la Sentencia precedían, juntas, a la de la Virgen de los Dolores, que alumbraba a su titular. El cansancio de un intenso día hacía mella en los asistentes. Del Vía Crucis al Entierro pasando por la Muerte, Los Silos había vivido la Pasión del Señor desde la mañana hasta el comienzo del Sábado Santo. Ahora, tocaba aguardar la Noche Santa de la Resurrección.

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