jueves, 24 de abril de 2014

Pasión vespertina de Viernes Santo

La procesión más complicada de la Semana Santa pero, a la vez, la más esplendorosa, la Magna, volvió a dar una toda una catequesis escultórica en las calles silenses la tarde del Viernes Santo. Así, doce pasos salieron y regresaron a la Parroquia de Nuestra Señora de la Luz entre la contemplación de los vecinos.

El orden correcto de salida se mantuvo hasta la parte final del cortejo, cuando la falta de colaboradores hizo que el Cristo de la Misericordia y la Virgen de los Dolores abandonaran el tiempo antes que San Juan y el conjunto del Calvario. Fruto de este inconveniente, la imagen del discípulo amado procesionó después de María Magdalena y no antes, como venía siendo costumbre. La otra pega: el Cristo de la Misericordia no pudo ser portado a hombros por sus cofrades, y este propósito de hacerlo el Viernes Santo parece lejano a corto plazo si se tiene en cuenta la escasez de cargadores que participan en la Procesión Magna.

Por lo demás, con casi hora y media de recorrido (algo más largo que en 2013), la procesión discurrió por el recorrido habitual con una distancia mayor entre los pasos que contribuye a una mejor contemplación del relato escultórico de la Pasión. El tiempo también acompañó, aunque alguna que otra nube sobre el templo parroquial amenazaba con estropear la tarde.

El Viernes Santo en Los Silos no acaba con la Procesión Magna, porque en la iglesia de la Luz se reserva un paso que no sale a la calle con el resto del cortejo, sino que espera a la noche para participar en la más bella tradición primaveral del municipio: el Santo Entierro. Por eso, la Procesión Magna silense sirve de puente entre las celebraciones de la muerte y la sepultura de Jesucristo.


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