No sería lo mismo sin este acontecimiento. La Semana Santa silense quedaría muy coja si cada Viernes Santo, a las 10 de la noche, no asomara San Juan Evangelista por el pórtico de la Luz, si no le siguiera María Magdalena, si éstos dos no acompañaran a Cristo muerto, si su madre dolorosa no estuviera detrás para velarlo.
Así es el Santo Entierro, una procesión y un acto (luego, en la Parroquia) únicos donde los haya. Tras recorrer el mismo itinerario que la Procesión Magna hace escasas dos horas, los cuatro pasos, alumbrados por las tres hermandades de nuestro pueblo, llegan a las afueras de la Iglesia de Nuestra Señora de la Luz. Es entonces cuando el pueblo fiel que desde hace muchos minutos había acudido para coger sitio en una abarrotado templo, se pone en pie para recibir entre sus brazos a Jesús Yacente. Un silencio sepulcral, y nunca mejor dicho, se apodera de cuantos presencian este acontecimiento. Una vez colocada la urna y el Señor difunto en el Altar Mayor, San Juan hace su entrada, con el único sonido del que marca la caja fúnebre de la banda de música y del golpear las horquillas de los cargadores en el suelo. La imagen ejecuta una reverencia ante la imagen de Cristo y se retira. Los mismo hace la Magdalena, incluyendo la extracción de incienso de su copón y la retirada del paño, que servirá luego para cubrir el rostro de Jesús. Ya ha comenzado los primeros compases del Adiós a la vida, y llega el momento más emotivo de la noche y del día: la Virgen de los Dolores hace su lenta entrada en el templo, con tres reverencias antes de llegar al Altar y tres reverencias hasta volver al pórtico. Es la auténtica Semana Santa silense. En algunos rostros podemos apreciar lágrimas de emoción...y es normal. Concluido ésto, se procede a bendecir los rosarios, medallas y colgantes de los fieles con la imagen del Señor muerto, que luego descansará hasta la Resurrección gloriosa del sábado por la noche. Mientras tanto, la Dolorosa ya se dirige al Calvario...
El detalle: sobrecogedora y multitudinaria Procesión del Santo Entierro, donde era muy complicado avanzar con fluidez. Los Silos entero se echó a la calle en la noche más "silense" del año, con permiso de la Elevación de la Virgen en septiembre.