Y ya es la segunda. Lo mismo que hace meses ocurrió en la Parroquia de San Andrés, volvió a suceder el pasado viernes en el cementerio municipal: el cepillo de la capilla desapareció como por arte de magia y todavía no se ha vuelto a saber nada de él ni de sus posibles "magos". Ante esto sería coveniente plantearse esta pregunta: ¿están nuestros templos realmente seguros?
1 comentario:
Que triste!!!
Desde luego, cuanta gentuza hay suelta por este mundo...
Un abrazo!!
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