A lo largo de los últimos años han tenido lugar muchísimas anécdotas involuntarias en nuestra Semana Santa. Hoy contaremos unas pocas, teniendo que ver con caídas de objetos de los pasos y bases.
Hace cuatro o cinco años, una de las tres "espigas" de la cabeza del Cristo de la Misericordia se desprendió del tornillo a la que iba sujeta y cayó en medio de la calle el Viernes Santo en la Procesión Magna. Afortunadamente no impactó contra ninguna persona.
También hace pocos años, se cayó el puñal de la Virgen de los Dolores durante la Procesión del Señor Preso, el Jueves Santo. Obviamente supuso un mayor peligro que la espiga del Cristo, la ser el puñal más afilado; tampoco ocurrió ningún accidente.
En esos mismo años, se cayó durante la Ceremonia del Santo Entierro un jarrón de la Virgen. Gracias al reflejo de las personas que estaban en los bancos de la Iglesia, el jarrón no llegó al suelo.
También durante esos años se volvió al caer el jarrón, pero esta vez durante la celebración del Encuentro; tampoco chocó el jarrón contra los adoquines de la calle.
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